Hasta el 29 de mayo se expone “Lo visual de la escucha” una muestra del artista Jorge Burillo, comisariada por Juan F. Navarro. Esta es una de las 10 propuestas seleccionadas en la convocatoria anual del IAC Juan Gil-Albert correspondiente al 2018 con el que se programa el Ciclo de Arte en la Casa Bardín. 

Para este fin de semana, con motivo del Día Internacional de los Museos 2018, el Instituto Alicantino de Cultura Juan Gil-Albert propone, el viernes 18 a partir de las 19.30 h, una visita guiada. Como parte de la visita los asistentes tendrán un encuentro con el artista y su comisario, así como tendrán la oportunidad de presenciar el performance de clausura de la exposición “Lo visual de la escucha”.

Durante esta visita guiada los visitantes tendrán que superar una dificultad a priori que es hablar de música sin música y eso es complicado. Con solo gráficos le puede aparentemente faltar la parte esencial. Por tanto, el autor en la visita intentará resolver alguno de estos misterios que básicamente consistirá en reducir el miedo a la pregunta ¿aquí hay algo que entender? Cuando uno lee un poema no trata de entenderlo todo si no le sugiere cosas. Hay algunas personas que necesitarán estudiar la métrica y otros se quedarán con la metáfora. Intentará dar muchas referencias o pistas sobre el escenario expositivo para dilucidar algo sobre lo que no podría dar una explicación teórica precisa porque si no hubiera escrito un libro.

Por tanto, en el encuentro de Jorge Burillo con los visitantes la mayor curiosidad será conocer las preguntas y curiosidades de la gente, qué representa dudas, qué puede ser familiar, qué puede ser un poco marciano y obtener el feed back.

La performace, que es el último hito de la jornada, partiendo de la performance inaugural que consistía en saber lo que sugiere la música y lo gráfico. Pero en esta última performance, programada para coincidir con el DIM 2018Jorge Burillo tratará de construir una metáfora de la arquitectura de la música. Las piezas que se trabajarán ese día las ha producido el artista en la Casa Bardín para conocer la respuesta del espacio y otra parte en su estudio-casa con referencias literarias como la “Línea de Sombra” de Joseph Conrad que estará en la música. En la performance le acompañará de un percusionista y un guitarra.

Jorge Burillo y Juan F. Navarro, el artista y el Comisario

Jorge Burillo se formó en Filología Hispánica y en el Conservatorio Superior de Alicante especializándose en Pedagogía. Su especialización destaca en la exposición  “Lo visual de la escucha” pues esta propuesta nace de estudiar la música sabiendo o no solfeo. Jorge Burillo  estudió piano de pequeño, le apuntaron como tocaba, pero en la adolescencia que ya pensaba otras cosas lo dejó para estudiar su carrera que le importaba. De repente volvió a conectar con la guitarra, a tocar Blues incluso, y retomó el estudio de la música con la profesora de referencia Cristina Molina, que daba clases de improvisación y le hizo cambiar un poco todo.

Juan F. Navarro, el Comisario, es matemático, artista, músico y ahora dirige  La Peluquería de Alicante. Navarro le quita importancia a las cosas, reduce su trascendencia, lo que ha permitido ser un gran respaldo para el trabajo artístico de Jorge Burillo en su calidad de experto y amigo.

 

Jorgue Burillo un músico indeterminado,inclasificable y pedagogo

Pregunta: ¿Cómo aplicas la indeterminación y la no intencionalidad en tu proceso creativo?

Respuesta: Las músicas son matemáticas. El paso de sonido a música es un sistema matemático puro. Aunque tenemos 12 sonidos, las combinaciones son infinitas o con un ritmo de dos se pueden crear millones de marchas militares. La indeterminación tiene que ver con el deseo, es decir, Krystian Zimerman, por ejemplo, decía que él nunca estudiaba una sonata de Beetoven, nunca la estudiaba entera de principio a fin, porque eso sería como ensayar un “te quiero” delante del espejo. El intérprete debe tener la necesidad de decir aquello que le está pasando o sintiendo.

La construcción del compositor en otra época era claro. Ahora, en cambio, en  la música lo que cambia es la decisión, el momento: cuando construyes una casa las matemáticas se empiezan a mezclar con el calor, las vivencias allí tenidas, los problemas, las alegrías. Como creador se lo que voy a hacer pero no del todo, me dejo un margen de error o cambio. Si cogiéramos una sonata de Beetoven a ningún intérprete le va a salir igual, dos piezas iguales son imposibles. Lo importante es la historia, no la nota concreta. Todo esto, de alguna forma, es una reflexión sobre el discurso del arte.

P: ¿Desde dónde se parte para la interpretación de una pieza musical?

R: Tengo una guerra interior que es la necesidad de lo clásico que conviva con lo vital que es  intentar crear un lenguaje contemporáneo que tenga que ver con la tradición. Son tantas las referencias anteriores, que no hay nada que no suene a algo.

Cuando compones o, mejor interpretas, te planteas que yo voy a tocar la pieza hoy con un 70% de lo que me he preparado, un 20% de cómo me siento hoy y un 10% con la capacidad de abstracción que tenga de todo. A ese último 30% le doy todo el valor.

P: ¿Qué importancia tiene el sonido en la composición y, sobre todo, los silencios?

El silencio es esencial. Tiene una parte eminentemente técnica, es decir, la frase acaba cuando termina la nota. El silencio, por tanto, es un fundamento estructurador básico. Luego tiene un segundo valor, más importante incluso, que en ese silencio el espectador recoge el significado, a partir de ahí le ha sugerido algo, y por tanto hace la digestión de la creación. Por último, el silencio es la abstracción íntima, a veces incluso la inhibición. El silencio también sirve para escuchar a otro. Como decían otros autores, “el silencio es donde se produce la música”.

P: ¿Dónde reside lo sonoro y lo visual, indistintamente?

R: Por un lado, en mi propuesta, está expresamente la presentación de la exposición. Dado que existe ese aparente problema de analfabetismo musical, los que saben solfeo y los que no. Realmente lo que te permite saber leer la partitura es la capacidad de imaginar la música y ahí esta lo visual de la escucha. Algunos alemanes, es tradición, van a escuchar los conciertos con la partitura solo para poderse imaginar en directo otras versiones. Puede este ejemplo servir también en una obra escénica, viendo el teatro o el cine con el guión o la dramaturgia. Lo que hay en la partitura no es tan claro como aparentemente parece. En la partitura se puede escribir todo menos la música.  Estamos acostumbrados a escuchar la música como el sonido ya hecho, pero ahí es donde está la escisión porque todo empieza a ser otra cosa. La partitura debe de permitir la abstracción y de hecho una de las dificultades de ser músico hoy en día es escindir lo visual de la escucha.

Tenemos que invitar a hacer música a la gente. Cuando llegaron los discos desapareció la necesidad de otra época que era interpretar, componer y además escuchar música. Debe de haber un nivel de escenario para todos. La única forma de descubrir el mediterráneo es ver el mediterráneo, no solo mirarlo en un vídeo o leyéndolo en un poema.

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