El señor Pino está enamorado de una silla. La silla está enamorada del señor Pino. Hacen el amor. Ella se queda embarazada y tienen una niña-mecedora preciosa. Pero alguien vio a Pino practicando posturas extrañas con un armario. Lo denuncian, lo encierran, lo juzgan y lo condenan a muerte. Mueblofilia es el extraño “rise and fall” de un carpintero de barrio.

Un musical punk con once actores/músicos en escena. Una comedia apabullante en la que el teatro y el concierto se mezclan y se funden. Un canto a la defensa de la rareza, al orgullo de lo distinto. Un musical único en su especie, cuyo estreno absoluto en teatros será el 9 de junio en el Teatro Principal de Alicante.

Para conocer algo más de este innovador proyecto hablamos con Rulo Pardo, autor, director y actor de Mueblofilia.

Pregunta: Empecemos por el principio, ¿qué es Mueblofilia?

Respuesta:  Mueblofilia es un espectáculo musical. Una comedia punky que tiene reminiscencias de los años ochenta y noventa. Que comenzó a hacerse en el Café Berlin durante todo un año y que ha tenido una repercusión bastante salvaje, bastante buena.

P:  De modo que el espectáculo se desarrollaba en un espacio pequeño, con un elenco numeroso, con música en directo, con coreografías, coproducido con la misma sala y además solo estaba en cartelera los lunes…

R: La verdad es que en principio parece que todo va a la contra. Se hace los lunes porque todos trabajamos en otros espectáculos, y en Madrid las temporadas funcionan de martes a domingo. El lunes entonces es el único día donde puedo contar con ellos. Además los lunes no hay mucha actividad: es ideal para que acudan actores y actrices y gente de la hostelería, ese mundillo de la farra que nos gusta a nosotros.

P: Parece casi un modo de selección natural…

R: Puede ser… además lo hacemos en un club donde se puede beber, ideal para tu día libre y acorde con nuestro estilo punky donde es propicio que el público pueda estar tomando su copa.

P: En tu carrera has trabajado casi todos los formatos: sckets, monólogos, narraciones, teatro, cine, radio, música, ¿era Mueblofilia, lo que faltaba?

R: No lo sé. Porque ni siquiera yo pienso en lo que quiero hacer en el siguiente espectáculo, de qué quiero hablar. Tengo mogollón de ideas, las voy escribiendo, las reviso, las engordo…

De hecho, Mueblofilia sale de alguna forma recordando conversaciones con colegas y… bueno, donde salen temas de los que no se puede hablar, la pederastia por ejemplo; temas que aunque no defiendas, socialmente no se permiten hablar de ellos. Pero existe una línea roja que el arte sí sobrepasa y debe hacerlo y lo ha hecho desde las tragedias griegas.

P: Entiendo que no se permite tratar esos temas desde una mirada intelectual: donde poner en valor los diferentes presupuestos sin que supongan juicios de valor…

R: Cada vez se puede hablar menos de todo. En seguida se aplica un juicio moral que acaba machacándote. Y yo creo que hay que hablar y escuchar para poder entender. Así que de aquí se me ocurrió la historia de un tipo que estaba enamorado de una silla, que es algo que no se puede condenar con nuestra legislación en la mano, y que sin embargo podía estar fuera de la moral convencional.

P: Y la idea funcionó…

R: Escribí algunos textos y algunas canciones sobre esto y se los envié a Fernando Sánchez Cabezudo, que antes tenía la sala Kubik Fabrik, y cuando leyó mi propuesta me llamó diciéndome que le encantaba la idea.

 

El elenco

P: ¿Cómo lleváis eso de ser once en escena?

R: Ser once en un espacio tan pequeño, con el público tan cerca, es también parte de la obra. Porque en Madrid ahora con esto de la crisis, todos los espectáculos tienden a que los actores doblen personajes y con cuatro actores se presentan doce personajes.

Al comentar mi propuesta me encontré con amigos como Andrés Lima o Carmen Machi que me recomendaron no me meterme en ese berenjenal, porque doblar actores ahorra tiempo y dinero… Pero no hice caso. Lo importante es que tras el espectáculo la gente sale de ahí viendo que se pueden hacer estas cosas, y eso es una especie de respuesta, de revolución, respecto a lo que está pasando en Madrid.

P: Además has apostado por gente experimentada.

R: Sí, sí… La gente cuando viene a ver Mueblofilia y ve al elenco me dice: ¿esta gente de dónde la has sacado? Y yo digo, llevo tantos años por fortuna dedicándome a esto que conozco a mucha gente, actores y actrices, que puede hacer grandes cosas y a un público que quiere ver otras cosas. Intuía que el espectáculo se movería boca a boca – ¡quién quiere ver una obra de gente que se folla muebles!– y así fue, el público desde el principio ha estado muy entregado y ha hecho que el espectáculo funcionara.

P: Las edades del elenco también son llamativas: ahora suelen haber repartos con intérpretes muy jóvenes, más con proyectos arriesgados, quizás porque están más dispuestos y son menos exigentes en lo económico.

R: De cuarenta para arriba todos. Pero porque resultó fundamental. Yo con cada uno de ellos he trabajado en algún proyecto, los he visto en el escenario. Además, lo importante de la pieza es que yo transfiera mi idea y que ellos incorporen algo de su mundo. Necesito gente que tenga carne de escenario. Lo que no podía permitirme era contar con actores que me pidieran todo el tiempo lo que tienen que hacer, porque ni había tiempo ni es el espectáculo para eso.

Actualidad teatral madrileña

P: Leyendo críticas y entrevistas en medios como El País o RTVE, echaba en falta algo que te escuché cuando concebías Mueblofilia: tu sentimiento de que faltaba algo en los escenarios, que había huecos entre toda la oferta madrileña

R: Y sigue faltando. El musical off, underground. Hay musicales y hay cabaret, pero no hay un Rocky Horror Picture Show, un Hedwig and the Angry Inch, que son la primera referencia que nos dan los críticos. Además Madrid ha dejado de ser un sitio que zarandea el teatro, que saca a la gente entusiasmada de la sala con la idea de que allí pueden hacerse macarradas.

P: ¿A qué se puede deber?

R: Puede ser por la presión que estamos recibiendo, que nos hace tener miedo a decir cosas, cosas salvajes, que hace que todo tenga que ser amable. Hay obras de teatro muy buenas, con buenos actores, pero en las que me falta ese choque, esa salvajada, esa parte irrespetuosa, libre.

P: Pero habrá excepciones…

R: Sí, por ejemplo el Teatro del Barrio, que está haciendo un tipo de teatro más social, o El Rey de Alberto San juán que es una maravilla, una barbaridad. Ahí sí están metiendo el dedo en la llaga. En todo lo demás… no hay.

P: Desde que empezasteis con Sexpeare ya os inclinabais por esa postura: hacer lo que queríais en el escenario. ¿No existe ahora esa libertad en los nuevos grupos de teatro?

R: Bueno, ahora sí hay mucho teatro joven. Siempre se están creando compañías. Pero parece que todo está muy catalogado: improvisación, monologuistas, zarzuela, clásicos…

El lanzamiento de Mueblofilia

P: Y en ese momento abordas la escena madrileña y lanzando tu proyecto de un modo particular…

R: Hicimos un pase de veinte minutos con el texto en la mano, invité a compañeros de profesión y a gente de prensa… En ese pase nadie entendió nada, había muchos nervios, pero la reacción común fue: pero esto… ¡qué animalada!

P: Y luego llegó el público…

R: Yo tenía claro que el público vendría cuando se corriera la voz. Pero contando estratégicamente con el círculo de amistades de un elenco de once personas asegurábamos al menos llenar las primeras funciones.

P: Pero si la propuesta es tan arriesgada, ¿cómo lo hiciste para ganarte al público?

R: Yo planteé cómo debía ser el viaje: primero incredulidad, luego comprensión y luego comunión con la propuesta. Y funciona. El público lo valora y también la gente de la profesión, de hecho alguno de los actores han ido a hacer casting para otras funciones y les han dicho: “oh, me encantaste en Mueblofilia”.

P: Y si con el público ganado, ¿cómo os habéis ganado a la crítica?

R: La jefa de prensa del espectáculo recomendó que esperáramos un tiempo, que no forzáramos la presencia de críticos, y así hicimos: los comentarios sobre Mueblofilia fueron creciendo, y al cabo de casi dos meses al final aparecieron. Apareció por ejemplo Sergio C. Fanjul y sacó un reportaje tremendo en El País. También vino Andreu Buenafuente el último día –recomendado por gente de su equipo: Pablo Novoa, sus músicos, Ana Morgade– y nos dijo que estábamos locos, que teníamos que ir a su programa.

Teatro después de Sexpeare

P: No sé si quieres hablar de los cambios que ha habido en Sexpeare Teatro, la compañía con la que has trabajado los últimos veinte años. Porque ahora parece despegarse de la línea de creación y se encamina al terreno de producción.

R: Realmente sí. Será Sexpeare porque estoy yo y no me separo de mi estilo y mis temas. Pero no crea espectáculos. Yo escribo, cuento con un grupo de actores y los dirijo. No sé qué ocurrirá en el futuro.

P: Pero, ¿es posible ser una compañía teatral hoy día?

R: Es complicadísimo, hay una gran cantidad de oferta. Lo que veo difícil es encontrar ayudas, gente que se atreva a producir espectáculos donde no hay caras conocidas. En nuestro caso ni siquiera ponemos a Fele Martínez como reclamo.

Del Club al Teatro

P: Pensando en el formato de Mueblofilia, me pregunto cómo habéis planteado transportarlo a un escenario tres o cuatro veces mayor como el Teatro Principal.

R: He estado trabajando con mucha gente. No basta con contar con un escenógrafo para lograr esa combinación entre la estética de un concierto y la parte de fantasía. Las opiniones apuntan a que debemos mantener la esencia de la pieza que es la del Berlín. Así que pensamos que lo más acertado es mantener pequeños apartados, cuadros, como si fuera un museo. Lo bueno del Principal es que nos ha permitido pasar un tiempo allí para poder visualizar las propuestas.

P: Y además del espacio está el movimiento…

Bueno, ahí he contado con Ricardo Santana, que es una maravilla y que está trabajando las coreografías teniendo en cuenta que no debe trabajar con cuerpos de bailarines sino con cuerpos de alcohol, buenos para hacer chafarderías. El vestuario también es muy importante, el concepto es Mocedades punky, y ahí está Richard Collin, haciendo un trabajo muy interesante.

P: Y ¿qué recorrido se espera de esta nueva fase de Mueblofilia, adaptada a grandes escenarios?

R: Pues tenemos el estreno en Alicante, posiblemente luego haremos temporada en Madrid donde tenemos un par de ofertas, iremos al Teatro Circo de Murcia, tenemos Vitoria, Logroño está pendiente…

Pincelando un perfil

P: Vamos a despedirnos salvando un libro, una pieza teatral, un disco y una película de la última década…

R: El libro sería La posibilidad de una isla, de Houllebecq, que es lo último que me ha zarandeado la cabeza. Y La mala hierba y Monteperdío de Agustín Martínez son unas verdaderas obras de arte traducidas en multitud de idiomas.

En cine te nombraría a Sorrentino, La grande belleza, la serie The Young Pope… Con él ha aparecido algo nuevo, un nuevo cine, como pasa con Wes Anderson. Son nuevas formas de rodar, los trávellings, encuadres, la puesta entera…

De teatro, Andrés Lima por supuesto, es lo más grande. Y Pablo Remón, que es buenísimo, El tratamiento es una obra maestra.

En música te recomendaría a Tame Impala con sus psicodelias oscuras. También Michel Kinawaka, que hace un soul impresionante. Y en España me gusta mucho Rufus T. Firefly  o Sidonie.