Quedamos con Raúl Micó al vermú en el Quitapesares, le acompaña el guitarrista Guhilem Tarroux, y ambos parecen ya descansados tras la presentación en el Teatro Chapí de Villena de su disco Flamencrow. Una innovadora propuesta de fusión que se ha gestado a fuego lento y a la que merece la pena acercarse.

Raúl Micó estudió en la Fundación de Arte Flamenco Cristina Heeren de Sevilla y ha compartido escenario con artistas como Miguel Poveda, José de la Tomasa o Nano de Jerez. Con su anterior disco “Flamenco en la piel” (Emi Music) ha recorrido cientos de salas nacionales e internacionales. En su carrera ha logrado el Premio al Cantaor más completo, el Concurso Nacional de Jóvenes Flamencos de Calasparra, o el Primer premio en el Concurso Nacional de Cantes Mineros de Peñarroya y Pueblo Nuevo.

Pregunta.- Raúl, ¿de dónde parten las líneas musicales que confluyen en este trabajo?

Respuesta.- El flamenco, claro, me viene de todos esos años que llevo cantando. Con el folck siempre he tenido algo especial, cuando escucho música irlandesa, escocesa, siento una especie de nostalgia. Como si hubiera vivido en otro lugar o época y esa música me trajera sentimientos. Así que pensé que ambas músicas podían funcionar. Al final son músicas de minorías, músicas folclóricas. El reto era hacer una fusión que no fuera pesada, que fuera fina. A esto le añadí la electrónica porque me gusta lo ambiental y es la mejor música para eso. Entonces intenté crear un estilo musical que en la fusión flamenca no existía. Vicente Amigo hizo un disco cercano pero no era lo mismo. Vicente tocaba flamenco puro y añadía el folck encima. Aquí he querido que se fusionara de verdad.

P.- ¿Cómo entiendes esta fusión, como una suma de capas o como un collage donde cada estilo tiene su independencia?

R.- Como un collage. Se trata de una receta, he trabajado como un cocinero que va tomando elementos y los va combinando para crear un plato. Y no solo en lo musical, sino también en la estética, en el flamenco siempre se ha utilizado la ropa negra y yo a esa ropa clásica le he dado el toque barroco, gótico, que creo que al flamenco le viene muy bien.

P.- ¿Cómo encontraste los instrumentos que has incorporado al disco?

R.- Por la parte flamenca no tuve problemas, porque ya tenía mi equipo. Pero en la parte flock me costó bastante, suelen ser talibanes de su música, les gustan poco las fusiones. El folck es un estilo muy minoritario, incluso más que el flamenco, así que tuve mucha suerte de encontrar a Juan Fran Ballester, un músico más abierto que trabaja en otros proyectos de fusión.

También gracias a Efrén López, el maestro, con el que yo había colaborado en un disco. Porque alrededor de él hay un gran y variado número de músicos, así que cuando yo le hablaba del estilo de alguna canción él me iba sugiriendo músicos con los que podría contar.

P.- Aunque tu disco es una fusión de estilos muy particular, ¿qué opinas de fusiones?

R.- A mí me encantan todas las fusiones que estén bien hechas. No me vale que hagas una bulería y toques un saxofón encima, eso no es fusión, eso son colaboraciones de músicas. Por otro lado también comienzan a aburrir un poco, porque todo es flamenco-jazz, latin o pop, y todo es lo mismo. Esta fusión que presentamos al menos es un golpe de aire fresco que no se ha visto. Planteo algo que la gente no se imaginaba ni ha escuchado.

Un estilo propio

P.- Tu anterior disco fue una apuesta muy particular porque tú hiciste una revisión de temas conocidos. Pero este disco lo afrontas desde el principio, desde el año 2008. ¿Cómo te planteaste darle forma?

R.- Yo normalmente escribo antes la letra, así que estando en Sevilla empecé a buscarles melodías y resultó algo muy natural, no me costó pensar con qué fusionarlas, fue algo que me vino claro. No lo recuerdo claramente pero pudo ser viendo alguna película irlandesa donde suenan esas músicas tan épicas. Después plasmarlo sí me ha costado la misma vida, en la cabeza lo tenía muy claro pero al pedir por ejemplo a mi otro guitarrista, Manuel Montero, que me grabara cosas él no entendía hacia donde iba. Solo lo comprendió cuando escuchó el disco.

P.- Es interesante también la temática que tratas en las letras como el maltrato, el abuso infantil o las pateras…

R.- Hay de todo, en unas hablo de cosas que por desgracia nos rodean. Pero hay otras que son personales, muy mías, como La lejanía con la que inicié el concierto y no está en el disco, o la de Silencio que habla de palabras que nunca se dicen como “perdón” o “te quiero” que ahora ya las digo pero por mi carácter me ha costado mucho soltarlas.

P.- Imagino que aunque los artistas que trabajáis el flamenco, aún sin verlo superado sí podéis tomarlo como una herramienta más.

R.- A mí una de las cosas que más me duelen del flamenco es que se cree que todo está inventado, y evidentemente hay algunas cosas que no van a evolucionar más pero otras sí. Hay un sector del flamenco que piensa que está la malgueña de Chacón, de la Trini, y que hoy en día no puede haber una malagueña de Raúl Micó o de otro artista. Y yo digo déjanos que se la exponga a la gente y a ver qué dicen. Pero por desgracia todo el poder está en estos cuatro talibanes que no dejan que evolucione, y es una música muy joven, tiene doscientos cincuenta años… y que ya digan que se ha acabado el flamenco, no hombre, si está empezando.

Con todo yo no defino mi trabajo como un disco flamenco. Es un disco que utiliza el flamenco. Yo respeto mucho el flamenco y sé que no es un disco flamenco.

El panorama flamenco

P.- Te parece si hablamos de músicos que están ahora en el panorama nacional, como el Niño de Elche…

R.- Todos lo conocemos un poco, porque hemos vivido en Sevilla. Y me parece interesante la propuesta, pero no tanto la forma en la que la lleva a cabo. No me gusta mucho este rollo que ha cogido, lleva un trabajo increíble, pero creo que está más hecho con rabia que con corazón. Es un tío muy reivindicativo: “lo odio todo, iros a la mierda todos…” Vale, me parece genial, pero si lo adornas un poco mejor, además anda con Raúl Refree que me parece algo esperpento… Mucho de lo que hace parece transgresor pero hace treinta años ya se hacía. Pero bueno, admiro su valentía… y me gustaría tener la difusión que tiene él.

P.- Lo de las discográficas es otra historia.

R.- En este disco me encargo yo de todo: autoproducción, autogestión, autopromoción… Yo no quiero fama, quiero ganar un sueldo digno al mes con mi trabajo y vivir en mi campo. Pero hemos hecho un disco con gran esfuerzo y quiero que la gente lo escuche, porque es un trabajo que necesita escucharse y del que todavía no me ha llegado una mala crítica. Así que quiero llegar al mayor número de gente posible.

P.- ¿Y la experiencia con el crowfounding?

R.- Genial, me parece de las mejores cosas que se han inventado, porque los que no tenemos dinero por lo menos tenemos la opción de que la gente te ayude y poder sacar un producto.

P.- Para terminar me gustaría conocer con qué otros grupos te gustaría compartir cartel.

R.- Podría decir un montón. Evidentemente metería a los Mártires del compás porque además de ser uno de mis grupos favoritos de fusión son súper colegas. También me gustaría que tocaran Bad Haggis que son un grupo de música escocesa e irlandesa. Y por último tirando por lo alto me gustaría tocar con Sting, es un tío que admiro mogollón y que ha participado en muchas fusiones.

Flamencrow se vende en Fnac y en los soportes digitales Spotyfy, Itunes.