Esta semana iniciamos un serial de relatos con tres entregas, cada jueves, del escritor alicantino Ángel Picón Loranca. Fue en septiembre de 2020 cuando publicó en Amazon su primera novela: ¿Dónde está mi mente? que es una obra sincera y entretenida, que recoge el sentir y la mirada retrospectiva en los últimos 30 años de un hombre atrapado en la pandemia.

Ha terminado de corregir su segunda novela, Lo que mi abuelo me contó y ganó una mención especial del jurado en el V concurso de relatos de Lamucca, por ser el relato más votado por el público.

Los tres relatos que publicaremos son: “Recuerdo”, “Supermercado” y “Pistola”.

Recuerdo

La mujer se miró al espejo y sonrió. Le gustó la imagen que le devolvió el reflejo. Es cierto que ya no podía decirse que fuese una mujer joven. Pero no le colgaba nada y tenía todo en su sitio. Recordó con una leve sonrisa lo acomplejada que estaba con quince años por el tamaño de sus pechos. Siempre fueron pequeños, pero míralos ahora, no habían sucumbido a la ley de la gravedad. Seguían en el mismo sitio de siempre.

Se sorprendió pensando en él, su rostro, que creía olvidado apareció con nitidez antes sus ojos. No supo cómo interpretar ese recuerdo. Ella nunca miraba atrás, ¿para qué? El pasado es algo intangible que dejó de existir. Imposible de cambiar, era absurdo dedicarle más de un segundo.

Sí que recordaba, en cambio, el tiempo que llevaban sin verse, diez años. Los mismos que cumpliría en cinco meses Eliseo. ¿No debería llamarle, decirle que tenía un hijo? ¡Qué tontería! Nada había cambiado en estos años, no tenía nada de que hablar con él.

Cuando se acostó aquella noche, seguía pensando en el hombre. No lograba arrancar el recuerdo de su cabeza. Era absurdo, ella nunca le amó, por eso no le costó irse sin remordimiento alguno y no había vuelto a pensar nunca más en él.

Al día siguiente despertó con un deseo que la desconcertó sobremanera, deseaba ponerse en contacto con él. Estuvo tentada varias veces de llamarle, estaba convencida de que no habría cambiado su número. Ella sí lo hizo, a los dos días de abandonarlo. Qué extraño, era incapaz de recordar su antiguo número, pero no el del hombre.

Anduvo distraída en el trabajo, no lograba concentrarse, no podía pensar en otra cosa. Tuvo que repetir hasta tres veces un informe, pinchaba en eliminar en vez de en guardar. La sorpresa inicial había dado paso al enfado. Odiaba pensar en él.

Recordó la tarde en que se conocieron, en una cafetería de la Gran Vía. Él estaba sentado frente a la barra y a ella se le cayó un libro al pasar a su lado. Un encuentro fortuito, la cafetería ni siquiera existía ya. Hace años fue sustituida por una afamada franquicia de zapatos y bolsos.

¿Por qué no podía dejar de pensar en él? No halló respuesta y eso la desesperó. Decidió llamarle, está vez marcaría todos los números y esperaría. En cuanto llegase a casa lo haría. Cortaría por lo sano con esta absurda situación.

Un informe de última hora le obligó a retrasar media hora la salida de la oficina. Al llegar a casa marcó el maldito número en su móvil. Escuchó con angustia los tonos de llamada, solo fueron cuatro.

—El teléfono al que llama no existe.

@piconlor