Continuem amb el serial de relats de l’escriptor alacantí Ángel Picón Loranca. Els tres relats que publicarem són: “Recuerdo”, “Supermercado” i “Pistola” que es realitzarà cada dijous

L’autor al setembre de 2020 va publicar en Amazon la seua primera novel·la: ¿Dónde está mi mente? que és una obra sincera i entretinguda, que recull el sentir i la mirada retrospectiva en els últims 30 anys d’un home atrapat en la pandèmia.

Ha acabat de corregir la seua segona novel·la, Lo que mi abuelo me contó i va guanyar un esment especial del jurat en el V concurs de relats de Lamucca, per ser el relat més votat pel públic.

Supermercado

Todavía faltan cuatro horas, y apenas ha comenzado la semana. “Martes, de mierda te hartes”, parece que le estoy oyendo. Durante años repitió la misma frase. De pequeña me hacía mucha gracia. Ahora entiendo que mi padre no bromeaba, era lo que pensaba de la vida y no puedo más que darle la razón.

Stevia, otro que compra sacarina a precio de cocaína. Se creerá que no va a engordar. Todo lo que ha depositado en la cinta son procesados y grasas saturadas. Pero el café sin azúcar, en fin, cada uno se engaña como quiere.

El buenorro del tupé, a este sí que me lo follaba, en plan guarro y salvaje. Seguro que no tiene tantos remilgos como Julián. En qué puta hora me casé con él. A papá nunca le gustó, me lo advirtió. Como siempre no le hice caso. ¿Cómo puede ser un hombre tan pusilánime? Estoy convencida de que si le dijera que le he engañado con otro, ni se inmutaría.

Cinco minutos, solo han pasado cinco minutos desde la última vez que miré la hora en la caja registradora. Hoy va a ser un día duro, en realidad todos los son. Y la sonrisa que no falte, a veces me pregunto cómo puedo ser tan falsa.

“No olvidaros nunca de sonreír, sois la cara del supermercado”.

Pues no nos pagáis un plus por hacerlo. Tendría que dejar este trabajo de mierda y a Julián. Abandonarlo todo e irme de viaje, lo más lejos posible. ¡Si no fuese por la puta hipoteca! Siete años llevamos pagando esa ratonera y los que nos quedan.

Y no lo llamo ratonera por su tamaño, al contrario, el piso es amplio y luminoso; da gusto vivir en él. Si lo llamo así es porque se come todo lo que ganamos. ¿Qué tendremos ahorrado? ¿Tres mil euros? ¿Cuatro mil? Diez años llevo en este maldito supermercado. Diez años que parecen cien.

Pobre mujer, tuvo que ser muy guapa y atractiva de joven, pero la edad no perdona. Eso sí, menudo pelazo tiene y viste mucho mejor que yo. Ni con un apocalipsis zombi se fijaría el del tupé en mí. Me miro en el espejo y no me reconozco, con veinte años estaba buena que te cagas. Ahora tengo los pechos caídos, cartucheras y esas malditas arruguitas encima de los labios.

¿Cuándo fue la última que tuve un orgasmo? Igual fue por la época que entré aquí. Este maldito supermercado me ha consumido. A veces fantaseo con la idea de prenderle fuego.

—Señorita, ¿dónde tienen la comida para gatos?

—Al fondo del pasillo —contesto a la señora con la mejor de mis sonrisas. Todas las semanas viene y hace la misma pregunta. Estoy segura de que si no dejo este trabajo, acabaré como ella. ¡Antes acabo con todo!

@piconlor