Yo no he sabido nunca de su historia/ Un día nací allí, sencillamente /El viejo puerto vigiló mi infancia/con rostro de fría indiferencia.( Osvaldo Rodríguez, El Gitano)
El poeta y cantautor chileno, autor de una famosa-al menos en su patria- canción dedicada al puerto principal de Chile,  fue una de las voces más reconocidas de la llamada Nueva Canción Chilena, surgida entre los años 60 y 80 del siglo pasado. Eran voces surgidas al aire de los cambios sociales de la época. Rodríguez Muso, llamado también El Gitano, pero no porque perteneciera a dicha etnia sino por su aspecto-tez aceitunada, largos cabellos rizados-pertenecía a  una familia de ancestros italianos venida a Valparaíso, como tantas otras después de las guerras. Con su guitarra al hombro se dedicó a cantar en las “peñas” (locales folklóricos de ambiente bohemio) y a viajar. Su estancia en Brasil por aquel tiempo lo impregnó de los nuevos ritmos y melodías-la bossa nova-y se convertiría en su principal embajador e intérprete en Chile. Sus ideas políticas le costaron el exilio, que comenzó en el país vecino, Argentina y prosiguió por varios países europeos. En ese periplo, Rodríguez profundizó  sus estudios  literarios y se concentró en la escritura, dejando atrás una carrera discográfica muy breve con solo dos discos, Tiempo de vivir (1972) y Los pájaros sin mar (1976), más un tercero en vivo editado en 1989 por Alerce. A su regreso a un Chile por fin democrático, se encontró con muchas puertas cerradas, por lo que decidió volver a Europa, donde falleció, en Italia, en 1996.
Este preámbulo , desde el respeto y cariño a este compatriota que  conocí siendo un adolescente cuando Rodríguez, seis años mayor que yo, visitaba a mi padre, amigo suyo, viene a propósito de esta crónica breve sobre una ciudad que amé y que sigue viva en mi recuerdo. Creo que nadie como Osvaldo describió a su ciudad natal con mayor cariño y exactitud cuando escribe  que “todas las ciudades tienen algo de Valparaíso” (Palabras previas de Canto a Valparaíso). “En el costado oriental de la ciudad etrusca de Volterra , en la Toscana, hay escaleras de piedra que, como en la playa de Las Torpederas (Playa Ancha, Valparaíso), no llevan a parte alguna. El ascensor Polanco , que muchos porteños creen único, tiene un primo hermano en Estocolmo y otro en Lisboa. La calle de Jan Neruda, en Praga, podría perfectamente descender del Cerro Alegre. Hay palacios en Milán que no desentonarían en un barrio viñamarino; casas en Londres, especialmente en los alrededores de Canning House, que tienen su réplica en la plazuela Eleuterio Ramírez, solo que en Valparaíso no son de piedra , sino de madera e irremediablemente se las está llevando el viento y la desidia”. Rodríguez intentó, en 1988, con esta idea, rehabilitar el rico patrimonio histórico del puerto con la colaboración de varias ciudades europeas, anticipándose a la postulación ante la UNESCO. Para ello proyectaba exposiciones con imágenes de lo que él llamaba un “patchwork” de las arquitecturas del mundo, desde Hamburgo al norte de Italia, Londres, etc. Solo logró el objetivo en parte, con una muestra en Italia.
ESTRELLA OSCURA
Pablo Neruda, gran amante de Valparaíso, lo llamó “estrella oscura” en su célebre Oda dedicada al lugar donde quiso establecer parte de su patrimonio en una casa de varias plantas situada en uno de sus cerros. La metáfora se explica por las luces que se contemplan desde lejos, provenientes de los barrios altos, cuando uno baja al “plan” (parte llana de la ciudad, estrecha cinta por donde circulan coches, trenes y autobuses y se sitúa el aparato administrativo y comercial). Neruda fue uno de los primeros “enamorados patrimoniales” de Valparaíso, según su amiga Sara Vial, también poeta. Su preocupación mayor era preservar la ciudad, atacada por desastres naturales en repetidas ocasiones desde 1730 hasta nuestros días, creando organismos que la defendieran de los ataques urbanísticos. Su casa en Valparaíso, bautizada como La Sebastiana,  era su refugio cuando quería escaparse para estar tranquilo o trabajar, ya que por su ubicación era prácticamente inubicable. El poeta quedó indisolublemente unido a la ciudad no solamente por haber sido un residente habitual y haber escrito sobre ella, sino porque poco antes de su muerte fue nombrado Hijo Ilustre, el 31 de octubre de 1970. En su discurso de aceptación del homenaje, pronunció estas palabras: “Santiago fue un plato demasiado suculento o un trago demasiado amargo en que no cabían los momentos dedicados al sueño y a la ilusión. Y ese sueño y esa ilusión, los escritores de mi generación, mis compañeros, muchos de ellos hoy desaparecidos, esa materia insondable de melancolía y ensueño lo encontramos en el camino de Valparaíso”. El puerto le sirvió de escondite en épocas de persecución política, a finales de los años 40, cuando Neruda se refugió en el cerro Lecheros, en una casa de marineros, escondido en un sótano convertido en un improvisado zulo, desde donde podía ver desde un ventanuco los barcos y oír los pitazos de los trenes. “Mira conmigo desde mi escondite/el puerto gris tachonado de barcas,/ agua lunar apenas movediza,/inmóviles depósitos del hierro”.(El Fugitivo, fragmento VI).
El cineasta neerlandés Joris Ivens realizó en 1964 un magnífico documental donde su ojo certero se posa sobre la loca geografía del puerto, con sus escaleras imposibles, sus típicos ascensores decimonónicos y su población compuesta de familias humildes de los cerros y los eternos marineros subiendo y bajando, a veces de fiesta, otras de prisa acudiendo a la llamada de los barcos.
CIUDAD DE POESÍA
Valparaíso, descubierta en 1536 por el español Juan de Saavedra, la llama así por su ciudad natal, se dice que en Cáceres o Zamora. Más tarde, en 1544  se convierte en puerto natural para los conquistadores de Chile, asentados en lo que sería la capital, Santiago, distante a unos 135 km. hacia el interior. En el S. XIX adquiere un gran desarrollo comercial por su actividad portuaria, aunque a partir de 1914 se produce su decadencia debido a la apertura del Canal de Panamá que desvía la mayor parte del tráfico marítimo hacia esas latitudes, evitando los peligros del paso del Estrecho y las aguas turbulentas del Cabo de Hornos. Hasta Valparaíso llegaron sucesivas oleadas de inmigrantes europeos que dejaron su huella en la arquitectura, en la cultura y la literatura, muy especialmente. Allí escribió Azul, en 1888, el nicaragüense Rubén Darío la obra que revolucionó profundamente la poesía  en las letras hispanas inaugurando el Modernismo. Con él surge una nueva estética literaria con un registro cromático y un inventario de imágenes totalmente innovador.
La actividad literaria corre a la par con el auge mercantil de la ciudad. En 1826 se funda El Mercurio, el periódico de habla hispana más antiguo en circulación en el mundo. En él colaboraron escritores y políticos sudamericanos exiliados, entre ellos Sarmiento, Mitre y Andrés Bello.
El primer Ateneo porteño se funda en 1899 como reacción frente a un panorama literario nacional dominado por la influencia francesa e inglesa, en un intento por enraizar las letras nacionales en la vida de las gentes, creando una cultura autóctona.
La Sociedad de Escritores de Valparaíso, continuadora de ese Ateneo, es la agrupación literaria más antigua del país, fundada en los años 50 del siglo pasado por escritores venidos de muchos sitios , procedentes del ámbito docente, como mi padre, Claudio del Solar, que fue su primer presidente. Más tarde él crearía la Escuela de Periodismo de Valparaíso, dependiente de la Universidad de Chile, en aquel entonces una de las dos existentes en el país. Crítico literario de El Mercurio de Valparaíso y amigo personal de Pablo Neruda en su juventud, el hecho de colaborar en este diario de tendencia conservadora les alejó, pues la empresa vetaba a Neruda por su adscripción al Partido Comunista.
ESCRITORES PORTEÑOS
Entre los escritores porteños de la época destacan los nombres de Zoilo Escobar, (1875-1957) poeta social y figura clave de la intelectualidad porteña. Lo conocí siendo yo un niño,  pero recuerdo su figura de pájaro esquelético. Gobernador marítimo del puerto, Don Zoilo era un personaje peculiar, siempre vestido de luto riguroso. Neruda, amigo suyo, lo llamaba “El hombre del violín” porque poseía un Stradivarius que guardaba celosamente como una joya, y nunca lo tocó. Siempre estaba pensando en venderlo en Nueva York, donde le darían una fortuna. Un día se fue de viaje y regresó cargado de oro. “Las cuerdas del Stradivarius no pudieron llorar su partida. Nadie sabía tocarlo. Y desapareció el violín cuando se abrió el armario. Tal vez voló hacia el mar, o hacia Nueva York, como los sueños de don Zoilo” (“El hombre del violín”, Pablo Neruda).
Otro personaje singular fue Carlos Pezoa Véliz, representante de la poesía nacional entre el XIX y comienzos del siguiente. De origen humilde, sin embargo aparentaba ser un dandi burgués. Escribía versos publicitarios para una compañía de tabacos para subsistir y también poesía social para la posteridad, y falleció muy joven a consecuencias de heridas recibidas en un terremoto que asoló el puerto en 1906. Confinado en un hospital de Valparaíso dejó unos versos que en Chile todo el mundo recuerda: “Sobre el campo el agua mustia/cae fina, grácil, leve; /con el agua cae angustia:/llueve/ Y pues solo en amplia pieza,/ yazgo en cama, yazgo enfermo,/para espantar la tristeza,/ duermo” . (Tarde en el Hospital, 1907).
Valparaíso ha sido siempre puerto de la poesía y las letras chilenas. Osvaldo “Gitano” Rodríguez lo sabía y por eso en su canción dedicada al puerto que lo vio nacer y transformado en un himno para las generaciones venideras escribió : “Pero este puerto amarra como el hambre/No se puede vivir sin conocerlo”.
Desde otro prisma poético y con mirada de mujer, la figura más icónica y reconocida fue Sara Vial de los Heros, poetisa nacida en 1927, en  Valparaíso,  en el seno de una familia de origen hispánico,  gran amiga de Neruda y autora de un libro sobre “Neruda en Valparaíso”. El poeta le profesaba un gran afecto y le enviaba notas y recuerdos desde cualquier rincón del mundo. Sara Vial fue poeta y también periodista y como escritora recibió el aprecio de figuras como Vicente Aleixandre que le escribió: “Me acompañan sus versos claros, bellos y fraternos”. En Valparaíso a la gira, Sara Vial compara el puerto como un navío en medio de uno de esos temporales tremendos tan habituales allí: “Noches de temporal, Valparaíso, y tú, barco a la gira/ procurando no hundirte,/soportando las ráfagas furiosas/en tu cola de zinc,/ sosteniendo tenaz/ tus inclinadas cubiertas de madera” .
Sobre Neruda y su amor por Valparaíso, la poetisa porteña dejó escrito este testimonio:
“Se conocen los nombres de ambos por el mundo. El del puerto de Valparaíso, desde que las tripulaciones de los barcos a vela quedaban la vuelta, desde Europa, al Cabo de Hornos, en nuestro Sur austral, antes de la construcción del Canal de Panamá. El de Pablo Neruda, dese que el poeta entonces delgado y melancólico, en una lluviosa aldea de ese mismo Sur, llamada Temuco, escribía mirando a las estrellas últimas del planeta : “Puedo escribir los versos más tristes esta noche”. “Lo que no todos saben es que esos dos nombres, Neruda y Valparaíso están unidos como las cadenas de remotas anclas, desde los comienzos de un siglo que se ha ido, dejándolos unidos en poemas y canciones, en visiones marineras que les pertenecen a ambos”.
El recuento de poetas destacados vinculados a Valparaíso no estaría  completo sin la figura de Raúl Zurita, Doctor Honoris Causa por la Universidad de Alicante, en 2015. Aunque nacido en la capital, Santiago, vivió en el puerto como estudiante de Ingeniería y en los años 70 hizo vida literaria y bohemia con otros poetas de su generación, como  Juan Luis Martínez, Eduardo Embry y Juan Cameron. En 1973 fue apresado y torturado por efectivos de la Armada chilena, en un buque en la bahía de Valparaíso y posteriormente liberado.
Antes que Osvaldo, El Gitano del puerto, entonara su canción, otra antigua canción del folclore bretón, Nous irons á Valparaiso, mencionaba sus orillas ricas para la pesca de cetáceos y donde saldrían del calor de los mares tropicales, los barcos y la pobreza, aún a riesgo de dejarse la piel : “Plus d´ un y laissera la peau /Good Bye farewell,/Adieu misére, adieu bateau/Hurrah , oh Mexico/ Et nous Irons á Valparaiso/Haul away hé/ hou lá tchalez/ Ou d ´autres laiseront la peau”.
Valparaíso , mi ciudad marinera , es para mí como dice Sara Vial, “como un trueno cayendo en los tejados bruscos de la infancia”. Allí escribí, con solo siete años mis primeros poemas, entre ellos uno dedicado al embrujo de mi puerto marinero.
 
Barco, barco vagabundo
Anda, anda sin velero,
Deja tu música al viento
Como la mar infinita
Marineros lleva el barco,
De terciopelo y de jazmín,
La cabina es de papel
Y el casco de oro entero
Dulce música del mundo
Quién te quisiera escuchar.
Vamos todos a viajar
En mi barco de papel.
(Barco Callejero, Alex Solar, 1956)